Primum Non Nocere 06

Editorial

TIEMPOS MODERNOS

En el pasado mes de junio vivimos la noticia que la médica Isabel Bellostas había sido señalada por el Colegio de Médicos de Madrid y denunciada por ciertas asociaciones de autismo a causa de sus manifestaciones que relacionan el autismo con las vacunas y por los tratamientos infundados que utiliza para mejorar la vida de las niñas autistas afectadas o no por las vacunas. 

El tema es largo y una vez más descubre la ignorancia de conocimiento que sufren algunos profesionales de los Colegios de Médicos de España y las Asociaciones de Autismo. Repasemos un poco los datos que tenemos. 

En el año 1980 la incidencia de autismo en España y en ciertos lugares del mundo era de 1 persona autista por cada 10.000 nacimientos. En el año 2000, 1 persona por cada 1.000 nacimientos. 

En el 2010, 1 persona por cada 600 nacimientos y en el 2019, 1 persona por cada 300 nacimientos. 

Ya desde finales del siglo XX, reconocidos científicos británicos declaraban que no sólo existía un motivo psíquico en la génesis del espectro autístico sino que aparecían nuevos componentes tóxicos en el medioambiente que podían originar alteraciones en nuestro sistema neuronal. 

A partir del siglo XXI se comenzó a aceptar que se trataba de un síndrome complejo, el autístico, en el que coincidían alteraciones metabólicas, sanguíneas, neurológicas, digestivas y microbianas.

 Actualmente se acepta que el 30% de las personas afectadas de autismo genético su causalidad estaría relacionada con variables genéticas y el 70% restante, denominado autismo regresivo, con variables tóxicas como son los fármacos, los calendarios vacunales actuales, los insecticidas, los derivados de la combustión de la gasolina, los metales cadmio, arsénico, mercurio, plomo y aluminio, los disruptores endocrinos de los plásticos y las ondas electromagnéticas de las antenas y satélites.

 En España y en gran parte del mundo, desde 1980, en Salud Pública existe la Declaración obligada de las Enfermedades Infecciosas, 

Sin embargo, todavía en el 2019, no existe la Declaración obligada de las Enfermedades de naturaleza Tóxicoambiental como son el cáncer y los tumores, el Alzheimer, el Parkinson, las enfermedades mentales, la esterilidad, las enfermedades raras y el espectro autista. 

En casi todas nuestras universidades, academias de medicina, colegios de médicos, postgrados, maestrías y asociaciones se ignora intencionadamente la gran epidemia silenciada no declarada de las enfermedades relacionadas con el medioambiente. 

Ya es hora de que nuestras administraciones cambien el rumbo y acepten que los programas de vacunación, la utilización masiva de los fármacos, la ingesta masiva de insecticidas, plásticos y metales pesados, la respiración masiva de gases tóxicos y la exposición a las radiaciones originan en nuestro medio nuevas situaciones epidémicas de necesaria declaración. 

Esta falta de aceptación por parte de las Administraciones y de Asociaciones de dicha relación ha creado una desconfianza cierta en las familias a la hora de utilizar los servicios de Seguridad Social. Desde hace 40 años no se da ninguna explicación a las familias de lo que pasa, se niegan pruebas biológicas, sólo se dan fármacos y no se aceptan tratamientos que facilitan la vida de las personas con autismo.

Las personas autistas experimentan cierto bienestar con la fitoterapia, la homeopatía, el naturismo, los cambios alimentarios y otras cosas más. 

¿Qué tienen que decir ciertas asociaciones de autismo y algunos colectivos médicos que no dan ninguna solución y ven que otros remedios están ayudando? Ya es hora de que permitamos trabajar, investigar e informar a los profesionales de la salud y a la población sobre los adelantos oficiales y no oficiales en el autismo y pongamos todos los resultados sobre la mesa.

 Consejo de Redacción LLV